Reflexiones desde la soledad de un archivo (I): ¿Por qué te hiciste republicano?

En la tesis que escribí sobre el republicanismo en Gipuzkoa, realicé un estudio prosopográfico de los republicanos que configuraron el ideario político antes de la Segunda República española. Para completar el análisis prosopográfico que me propuse, tuve que construir más de 100 biografías de republicanos locales. Mientras rellenaba aquellas fichas biográficas, no pude quitarme de la cabeza estas dos preguntas: 1. ¿Puedo garantizar que éste fue republicano?, y 2., ¿Cuáles fueron las razones por las que uno de mis republicanos, se hizo republicano?

Me hubiera gustado entrevistarme con todos ellos para hacerles estas preguntas (¡y otras muchas!), pero como fue imposible, he tenido que sacar mis propias conclusiones. Respecto a la primera pregunta, me aseguré al 100% de que todos los biografiados fueran republicanos (porque tenía sus declaraciones, porque formaban parte de algún partido republicano o porque habían sido representantes republicanos en las instituciones).

Respecto a la segunda pregunta, la única respuesta que tengo por ahora es que a veces es imposible saberlo con total certeza y que, en la mayoría de las ocasiones, hay millones de razones que explican el porqué de su elección política.

En una de aquellas tardes de archivo, y gracias Memorias de un bilbaino Oruetaa la máquina de microfilms Canon MP90 de 1991, encontré el párrafo que completa esta reflexión. El párrafo es parte de las memorias de un liberal monárquico llamado José de Orueta (Memorias de un bilbaino, 1870 a 1900, publicado en 1929).

Orueta fue adversario político de los republicanos vascos. En mi opinión, sería difícil entender el desarrollo del liberalismo en el País Vasco sin sus memorias, de la misma manera que es imposible conocer a mis republicanos sin conocer a los monárquicos como Orueta. Esto sucede porque como afirma el propio Orueta, a veces, la línea que divide a unos y otros era tan “fina” como un cuenco de arroz con leche:

El primero que yo tengo [recuerdo], de cosas por mí vistas en mi niñez, fue la entrada de Amadeo por mar, en una fragata (“Numancia” o “Victoria”), desembarcando en Las Arenas y siguiendo en landó a Bilbao (…). De las fiestas que siguieron no conservo recuerdos, pero sí de la comida que, al aire libre y en el campo de Volantín, se dio a las tropas al advenimiento de la República poco tiempo después; conservo la visión de las largas mesas con manteles blancos, debajo de la frondosa arboleda que entonces formaba aquel hermoso paseo.

Por cierto, que, de aquella fiesta, guardo otro recuerdo preciso, que fue el de unas enormes y numerosas fuentes de arroz con leche que, para servir a los soldados, se veían alineadas y preparadas sobre unas tablas, que me explicaron, al verlas, diciéndome eran un obsequio que la República hacia a sus soldados. En mi condición de chico goloso, me quedó por mucho tiempo la visión de la República como la de una señora espléndida y generosa, cuando tales y tan inmensas delicias repartía. Y en poco estuvo que, por ello, no siguiera siendo republicano por toda mi vida”.

Unai Belaustegi

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