República y prensa (Actas Oporto, 2017)

comunicacion_y_espectaculo

Presentamos unas actas recientemente publicadas en Portugal con interesantes aportaciones sobre republicanismo y prensa:

LIMA, Helena; REIS, Ana Isabel, COSTA, Pedro (2018) “Comunicación y espectaculo” Actas del XV Congreso de la Asociación de historiadores de la comunicación. Oporto : Universidade do Porto. ISBN 978-989-746-183-5

Comunicaciones:

  • Fernandes Alves, Jorge “Entre a República e a Imprensa. Dois jornalistas do Porto – Rodrigues de Freitas e Sampaio Bruno” pg. 76-92
  • Baptista, Carla “Hermano Neves, Jornalista, Republicano e Moderno” pg. 498-511
  • Arroyo Cabello, María “José Martínez Tornel (1845-1916) y sus campañas sociales en El Diario de Murcia. Un caso de profesionalidad y solidaridad”, pg. 657-675
  • Sánchez Collantes, Sergio “Las ilusiones marchitas: democracia republicana y federalismo en Enrique Vera y González (1861-1914)” pg. 752-771
  • Higueras Castañeda, Eduardo “La proyección iberista del progresismo republicano en España: una aproximación a través de la prensa (1880-1895)” pg. 896-927

 

Tomàs Padró y los inicios de la prensa ilustrada barcelonesa

Tomàs Padró (Barcelona, 1840-1877) fue uno de los principales exponentes de la ilustración satírica catalana del siglo XIX, junto a Eusebi Planas, Josep Lluís Pellicer y, unos años más tarde, Apel·les Mestres. Nació en una familia de artistas, de escultores concretamente, y realizó sus estudios de dibujo de la mano de maestros como Madrazo, y compartiendo su formación con Marià Fortuny. Sus datos biográficos no son difíciles de encontrar, ya que murió joven, en su momento de máxima popularidad, hecho que propició que buena parte de la prensa de la época le dedicara mucha atención. Es el caso de La Campana de Gràcia, que publicó en portada la noticia de su muerte: “Llágrimas de dol plora avuy la Redacció de La Campana de Gracia. Si Barcelona ha perdut un sos fills que cultivant l’art més gloria l’hi donavan, La Campana ha perdut l’ingeni xispejant, que desde sa aparició vingué ilustrantla: aquell llápis segur, sempre oportú, que tant al viu retratava las nostras esperansas, que ab tan valor descubria las miseria públicas, que savia arrancar sempre una sonrisa á tots los llabis, un aplauso á totas las mans, una aspiració noble á tots los cors. ¡Ha mort Tomás Padró!” (La Campana de Gràcia, nº 386, 22/04/1877).

Tomàs Padró, junto con otros ilustradores como Josep Lluís Pellicer o Francisco Ortego, es uno de los autores destacados de esta generación que combinaba su polivalencia artística -eran caricaturistas, pero también pintores y reporteros gráficos- con un firme compromiso político y social. Supieron combinar estos dos ámbitos a través del dibujo satírico, ya que sus plumas se convirtieron en las herramientas de un acto político e incluso militante, en su caso claramente al lado de la defensa de las ideas republicanas. Un claro ejemplo de esta fuerza de las ideas a partir de la ilustración es la cabecera del semanario El Cañón Krupp (abril-septiembre de 1874), en la cual podemos observar como una pluma -símbolo del periodismo- y un lápiz -símbolo de la ilustración- disparan a un cañón. Una alegoría que quiere mostrar la fuerza de la prensa y de las ilustraciones.

Es necesario enmarcar su evolución y su trabajo en el contexto de una prensa ilustrada que se encontraba en sus inicios y que mantenía una lucha constante con las leyes de imprenta, muy restrictivas. De hecho, no fue hasta la ley de imprenta de 1883, la ley Gullón, que se produjo el boom de la prensa, tanto cuantitativa como por la libertad de la que gozaba.

Padró destacó como principal ilustrador de las publicaciones de “La Librería Española”, de Inocenci López, entre las que podemos citar Lo Tiburón (1863-1874), Un tros de paper (1865-1866), Lo Noy de la Mare (1866-1867), La Rambla, publicada a inicios de 1867 y continuada a partir de junio del mismo año por La Pubilla Lo Somatent, entre otras publicaciones. El carácter político de las ilustraciones de Padró se acentuó durante el Sexennio con su participación en La Campana de Gràcia L’Esquella de la Torratxa y en periódicos ilustrados en color como La Flaca La Madeja política.

Para saber un poco más: Trenc, Eliseu, “Tomàs Padró i la caricatura gràfica satírica a la premsa catalana a mitjan segle XIX”, Catalonia, núm. 1 (2008), pg. 1-7; Orobon, Marie-Angèle, “Humor gráfico y democracia: algunas calas en la caricatura política en el Sexenio Democrático”, en M. C. Chaput y M. Péloille, Humor y política en el mundo hispánico contemporáneo, París: PILAR, 2006, pg. 9-30; Peralta Ruiz, Gemma, La representació iconogràfica dels imaginaris simbòlics: nacionalismes i republicanismes al segle XIX, Tesis UAB, accés directe: http://hdl.handle.net/10803/459157

Gemma Peralta Ruiz

Últimas Tesis sobre Republicanismo

A finales del curso pasado se presentaron varias tesis que giraban alrededor de la temàtica del republicanismo y de los republicanos. Recuperamos dos de ellas con los respectivos enlaces al texto completo. ¡Esperamos que den de qué hablar y que continuen las línias investigadoras!

iconografia

Destacamos la tesis de una compañera del equipo de Historia y culturas republicanas. “La representació iconogràfica dels imaginaris simbòlics: nacionalismes i republicanismes al segle XIX” de Gemma Peralta Ruiz. Presentada a principios de setiembre 2017 en la UAB bajo la dirección de Pere Gabriel. Tesis versa sobre la iconografia y prensa satírica de la segunda mitad del siglo XIX así como de los ilustradores.

Enlace: http://hdl.handle.net/10803/459157

cucut

Segunda tesis es “Regionalisme i federalisme: la consolidació del catalanisme polític (1895-1905)” de Jordi Sabater i Garcia. Presentado a inicios de octubre en la Universitat Pompeu Fabra bajo la dirección de Josep Pich i Mitjana. En ella aborda temas como el catalanismo, el federalismo, el republicanismo y la prensa humorística en el cambio de siglo. 

Las odiosas quintas y el republicanismo

     Una de las mayores preocupaciones que inquietaban a las clases populares en la España del siglo XIX fueron las quintas, el nombre con el que se conocía entonces el servicio militar. Al acercarse la edad, una congoja espantosa se apoderaba de los jóvenes varones que no deseaban ir a filas, pero también de sus familiares y allegados. Había, desde luego, quienes deseaban hacerlo por vocación o tradición familiar, pero lo injusto del sistema radicaba en ciertas fórmulas que preveía la ley para ser declarado exento. La más famosa era la llamada “redención a metálico”, que durante muchos años osciló entre las 1.500 y las 2.000 pesetas: quien pagase esa cantidad, quedaba libre del temido “deber patriótico”, que por eso mismo no era verdaderamente universal. Huelga decir que se trataba de una cifra prohibitiva en la época y que solamente un exiguo porcentaje se lo podía permitir. En definitiva, esto significa que los jóvenes de familias adineradas podían elegir entre hacer o no el servicio militar, mientras que los mozos de extracción humilde no tenían elección: para ellos, la única forma de librarse era incurrir en delitos como la deserción, la autolesión y otras vías de escape que, naturalmente, penaba la ley.

    ¿Y qué tienen que ver las quintas con el republicanismo? Pues que desde que los republicanos aparecen en la escena política, allá por la década de 1840, incluyeron en sus programas y reivindicaciones la abolición de las quintas. Al menos tal y como estaban planteadas: si había cargas militares, debían afectar a todos los ciudadanos y hacer de este modo efectiva la igualdad ante la ley. Esta reivindicación, como la de la supresión del odiado impuesto de consumos —que abordaremos en otra ocasión—, le granjeó al republicanismo un valioso apoyo en los sectores populares desde que empezó a dibujarse como alternativa política diferenciada. Buena parte de las manifestaciones contra las quintas que se documentan en los años que siguieron a la Revolución de 1868 las impulsaron los republicanos y en todas cobraron las mujeres un protagonismo  sustancial. «¡Abajo las quintas!», la consigna que lució tantas veces en los estandartes que portaron aquellas gentes, fue uno de los gritos más repetidos en la España del XIX.

     Descritas elocuentemente como una “contribución de sangre”, las quintas se percibían como algo extremadamente injusto y así lo denunciaron sus adversarios en la tribuna, en la prensa y en las instituciones. Sin embargo, cuando los republicanos llegaron al poder en 1873, se vieron en la imposibilidad de reducir los crecientes llamamientos a filas, ya que el país tenía abierto un triple frente bélico que era preciso atender (guerra en Cuba y en la Península, con el carlismo de un lado y las insurrecciones cantonales de otro). Pero, incluso en tales circunstancias, no era cosa menor el hecho de terminar con el privilegio de la redención o prever un ejército de voluntarios para cuando llegasen tiempos mejores.

1

     Todavía en la Restauración, los distintos republicanismos mantuvieron un importante apoyo entre las clases populares por sus discursos en materia de quintas y consumos. El semanario El Motín, una revista anticlerical que no descuidó la crítica social y política, difundió en 1885 una caricatura que refleja gráficamente el drama del reclutamiento en el siglo XIX. Es el punto de vista republicano pero también el de mucha gente que padecía la injusticia del sistema. El texto al pie lo resume bien: a Cuba tenía que ir quien no lograba reunir 6.000 reales. La imagen plasma el momento de angustia en que unos militares vienen a buscar al mozo a su casa. Se trata de un hogar pobre, como se deduce de los escasos aperos a la vista y la humilde indumentaria que llevan sus moradores. En ese momento, la desolación se apodera de la familia, empezando por la mujer y los hijos, que no saben si volverán a ver a su padre (las estadísticas son aterradoras: buena parte de quienes iban a Cuba no regresaban, no tanto por la guerra como por las enfermedades, que hacían estragos). Uno de los guardias incluso tiene que cubrirse el rostro para no presenciar la dolorosa escena.

     La injusticia del sistema de las quintas se prolongó hasta 1912, cuando la reforma de Luque terminó con la posibilidad de evitar el servicio militar, pero todavía entonces se mantuvieron los privilegios, ya que se permitió abonar una cuota que reducía el  número de meses en el cuartel.

SERGIO SÁNCHEZ COLLANTES

Para saber más: sobre las quintas se han realizado bastantes estudios provinciales (sirvan de muestra los de Jiménez Guerrero, sobre Málaga; Castellano Gil, sobre La Laguna; o Frieyro de Lara, sobre Granada), y algunas investigaciones globales muy recomendables, como la de Albino Feijoo (Quintas y protesta social en el siglo XIX), la de Sales de Bohigas (Sobre esclavos reclutas y mercaderes de quintos) o la de Puell de la Villa (El soldado desconocido: de la leva a la “mili”,1700-1912), a las que vino a sumarse en los últimos años la de Molina Luque (Servicio militar y conflicto. Historia y sociología de las quintas en España, 1878-1960).

Caricaturas republicanas

Los dibujos y grabados de la época nos han aportado a menudo documentos únicos de análisis histórico; Marianas, insurrecciones, símbolos, etcétera. La caricatura fue, entre ellos, un elemento constante de la prensa satírica. Las figuras políticas servían para presentar propuestas políticas y posturas ideológicas. A menudo las personalidades republicanas aparecían como una mezcla entre caricatura (cara desproporcionada respecto a un cuerpo diminuto) y el realismo fotográfico (poca deformación de los rasgos, sirviendo para una identificación clara). Podría parecer que estas imágenes tienen una carga iconográfica menor comparado con las Marianas (representaciones de la República y de España a través de alegorías femeninas) pero mostraron una inventiva y saña en la elaboración de la imagen de la clase política. De estas representaciones podemos fijarnos en:

Castelar_naipe

  • el papel político que escenifica la imagen, así como de lo que se les acusa, ridiculiza o contrasta con otros personajes,
  • la indumentaria, así como la imagen que proyecta,
  • las facciones de la cara a modo de carácter político,
  • elementos adjuntos; símbolos, paisaje, colores…
  • elementos externos: autor y quintillas de la imagen.

Emilio Castelar. Hacia 1880. Litografía. Sota de copas, tocando una serenata al ideal de la República, de una baraja de naipes. Colección particular.

Recomendación bibliográfica: OROBON, Marie-Angèle (2006) “Humor gráfico y democrácia: algunas caras en la caricatura política en el Sexenio Democrático”. A: CHAPUT, Marie-Claude; PELOILLE, Manuelle (ed.) Humor y política en el mundo hispánico contemporáneo. Paris. Université Paris X-Nanterre. Especialmente la página 18 y ss.

Magda Berges i Giral