Sociabilidad en Bilbao durante la Segunda República: republicanos y nacionalistas vascos

Sabin Arce (alumno UPV/EHU)

El objetivo de esta reflexión es el siguiente: analizar las redes y espacios de sociabilidad de los nacionalistas y los republicanos de Bilbao durante la II República, para resaltar sus diferencias y semejanzas. Además , mediante ejemplos concretos es posible conocer la evolución de la sociabilidad bilbaína. También se puede observar la importancia de la sociabilidad en la época floreciente de política y libertad que es la II República, y como este fenómeno ayudó a reconciliar a la sociedad con la política.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Bilbao se convirtió en una fuerte ciudad industrial con una burguesía muy poderosa y una importante masa obrera. En aquella nueva sociedad, nuevos estratos sociales quisieron tomar parte en la política; la democracia, a partir del sufragio de 1890, y la cada vez más cosmopolita Bilbao, fueron los paradigmas de esos cambios. Entre las sensibilidades políticas que tenían a su alrededor espacios de sociabilidad más dinámicos hemos escogido dos para llevar a cabo éste análisis: los republicanos y los nacionalistas vascos.

La apertura política que supuso la II República, afectó de manera crucial en el modo de entender la propia política. De hecho, la democratización de los espacios públicos que se podía entrever en la época anterior se completó en época Republicana. Eso trajo la explosión de nuevos y modernos partidos políticos y se dispararon las tasas de afiliación, aumentando significativamente la presencia pública de la política. El factor clave de este paso hacia delante de la sociabilidad política es la integración de nuevos sectores sociales.

A pesar de la dificultad de obtener un resultado concreto, merece la pena plantear unas preguntas antes de empezar, con objetivo de guiar las futuras reflexiones. Por tanto, ¿qué diferencias había entre la forma de entender la sociabilidad de republicanos y nacionalistas? ¿Ésas diferencias se basan en diferencias ideológicas? ¿En qué aspecto de la sociabilidad se centró cada una de las dos sensibilidades políticas?

Pero, antes de profundizar en estas cuestiones, cabría preguntarse, además: ¿qué es la sociabilidad? El concepto sociabilidad como categoría analítica histórica nace en el contexto de la historiografía francesa de la década de los 70, en torno a la Nueva Historia de la escuela de Annales. El término comenzó a ser utilizado por sociólogos a principios del siglo XX, pero podría considerarse a Maurice Agulhon como el primero en hacer un análisis histórico entorno a la sociabilidad. Es la capacidad de los seres humanos para relacionarse en colectivos estables, y se define como las formas, manifestaciones y espacios de la vida colectiva que se conforman con ese objetivo. Al ser un objeto de estudio tan heterogéneo, hay que tomarlo como un concepto que engloba a la antropología, a la sociología y a la historia.

 Casinos y batzokis

El eje de la sociabilidad de los republicanos ya desde la segunda mitad del siglo XIX lo componían ateneos, círculos y sobre todo los casinos. No es fácil definir estos espacios, pero en palabras de Rafael Villena y Ángel Luis López eran “asociaciones que sin dejar de lado la cultura, estaban dirigidas al juego y al ocio”, siempre relacionadas con ambientes republicanos.

El número de casinos en Bilbao en la II República era bastante significativo; cada una de las ramificaciones intentaba tener sus propios espacios de sociabilidad, aunque el Casino Republicano siempre tuvo preeminencia (en tanto en cuanto era el centro de la mayor vertiente republicana). A principios del siglo XIX eran espacios dedicados sobre todo al esparcimiento, donde los burgueses se reunían con fines ociosos, pero eso cambió en la segunda mitad del siglo, donde adquirieron un claro matiz político.  Para la II República, los casinos ya tenían un objetivo doble: por un lado, la política y por otro, el ocio; conferencias, escuelas nocturnas, fiestas en fechas señaladas, actuaciones nocturnas, exposiciones de arte, fiestas en honor a personajes ilustres… Todo esto llevaba a los miembros además de a abrazar las ideas de la doctrina republicana, a introducirse en la práctica política. Además, empezaron a crearse asociaciones satélites alrededor de los casinos; juventudes republicanas, asociaciones de socorros mutuos, grupos en favor de la emancipación de la mujer, órganos de prensa…

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Aun así, las fuerzas republicanas no consiguieron dominar Bilbao debido a su tendencia a las escisiones y la buena salud de otros partidos (PNV y socialistas mayormente). De todos modos, las redes creadas por los republicanos se convirtieron en buenos lugares para las relaciones interpersonales. Estos espacios de sociabilidad además de educar en democracia y doctrina política republicana, también impregnaban la vida privada de los militantes, ayudando a, como dice Jon Penche: “vivir en republicano”.

Bilbao tuvo una importancia capital en la historia del Partido Nacionalista Vasco, ya que de pasó de ser su cuna a ser su feudo. El mayor espacio de sociabilidad del PNV eran los batzokis, y en cuanto Arana creó la ideología nacionalista vasca abrió el primero de estos centros de sociabilidad, porque tanto él como sus seguidores conocían la importancia de los locales de reunión y formación. Los batzokis desde el principio tuvieron un objetivo de transmisión ideológica y también la intención de educar a la militancia. La diferencia entre actividades adoctrinadoras y “neutrales” nunca estuvo del todo clara; el nacionalismo vasco lo impregnaba todo. Entender el PNV como una “comunidad” impedía dejar de lado la doctrina nacionalista. Allí se daban tanto conferencias y discursos como obras de teatro, clases de euskera, geografía o historia vasca, todas, como no, vistas desde la óptica nacionalista.

El objetivo de las conferencias y demás era el “adoctrinamiento” intelectual, es decir, la transmisión y asimilación de la ideología de Sabino Arana. Alrededor del Partido Nacionalista Vasco también surgieron varias entidades satélites como Mendigoxaleak (aficionados a la montaña), grupos de danza, grupos de teatro o Emakume Abertzale Batza entre otros (asociación de mujeres). El PNV tomaba todas las actividades sociales que se creaban a su alrededor como una oportunidad para hacer propaganda, en favor de esa idea de “comunidad” (juegos vascos, conferencias, campeonatos de pelota vasca o manifestaciones religiosas).

La estructura política especial de Euskal Herria, propició la evolución de los partidos políticos de forma diferente al del resto de zonas del estado español. La importante presencia del Partido Socialista, el Partido Nacionalista Vasco, carlistas o republicanos, proveía al pantone político una diversidad de la que carecían otras grandes ciudades. Todos estos partidos, claro, se valieron de la sociabilidad para expandir sus ideales en una zona con tanta competencia, dando lugar a todas las entidades satélites que se han mencionado. Unos con más acierto que otros, todos los partidos políticos trataron de impregnar tanto el mundo público como el privado de política, de su política, claro. Éstas técnicas de sociabilidad se integraron profundamente en la sociedad bilbaína, promoviendo la participación política.

¿Una sociabilidad ideológica?

Los principales espacios de sociabilidad de republicanos y nacionalistas vascos eran el casino y el batzoki, y alrededor de estos se organizaban el resto de actos y actividades. No parecen muy diferentes el uno del otro; ambos tienen objetivos parejos, entre otros, conseguir la educación de los militantes a través de conferencias y charlas, expandir su doctrina política, tomar la esfera pública y la privada, crear relaciones interpersonales en el contexto del partido, tomar parte en el ocio…

Aun así, hay algunas diferencias; los casinos, en tanto en cuanto son entidades más antiguas, tuvieron una evolución distinta, siendo en un principio centros de ocio y luego tomando un cariz marcadamente político. Además de eso, se puede considerar a los casinos como instituciones clasistas; si bien intentaron educar a la masa trabajadora (a pesar de las contradicciones de clase que los separaba), para muchos no siempre era fácil conectar con la órbita republicana debido entre otras cosas a las altas cuotas que exigía el partido a sus militantes.

Por otro lado, los batzokis tuvieron desde el principio objetivos múltiples; siendo el ocio, el idioma y la transmisión ideológico los principales. Aparte de eso, los espacios de sociabilidad de los nacionalistas vascos, si bien no eran interclasistas, se puede decir que eran más abierta, y que tenían más capacidad para atraer individuos de clases diferentes. Partiendo de este análisis, no parece descabellado decir que esa mayor amplitud de los nacionalistas vascos les hizo más efectivos y, al contrario, que las entidades más clasistas de los republicanos tenían más dificultades para atraer a la clase obrera que recién se estrenaba en la democracia y la política.

Pero, ¿están esas diferencias basadas en la ideología? Los principios ideológicos de los republicanos se pueden resumir en la combinación de liberalismo progresista y federalismo, con cierta tendencia directiva por parte de la clase burguesa. Mucho más trabajo exige en cambio definir la ideología del nacionalismo vasco. Se podría decir que es una ideología de centro-derecha “accidentalista” —en tanto en cuanto modula su discurso dependiendo del poder— que defiende los intereses burgueses. Además de la ya mencionada técnica de sociabilidad más efectiva, también el discurso ayudó a la hora de atraer miembros de la clase obrera. Dejando de lado la lucha de clases internacionalista, el discurso nacionalista afirma que los miembros de todas las clases tienen los mismos intereses; los intereses nacionales. Así, parece que, mediante un discurso interclasista, los nacionalistas fueron más efectivos que los republicanos, y esa diferencia se vio sobre todo en el entorno rural. De todas formas, todavía es pronto para sacar conclusiones demasiado generalistas.

¿Qué ha sido hoy de aquellos espacios de sociabilidad? Los republicanos desaparecieron en el exilio durante la dictadura de Franco, y con ellos sus espacios de sociabilidad. Aun así, en Bilbao, por ejemplo, la sociedad El Sitio sigue en funcionamiento como centro sociocultural, y a pesar de que solo es la sombra de lo que fue, ha quedado como testigo e icono en la ciudad. En cambio, los nacionalistas vascos se han mantenido fuertes en el espectro político vasco, pero sus centros de sociabilidad no son tan activos como lo fueron antaño. La mayoría de batzokis son más conocidos como restaurantes o bares que como centros de sociabilidad.

¿Qué ha sido entonces de la sociabilidad política? Nadie “vive en republicano”, y la “comunidad” nacionalista es cada vez más pequeña. ¿Por qué no se han mantenido y renovado esas redes de sociabilidad que funcionaron tan bien? ¿Por qué no son capaces los tentáculos de los partidos políticos de impregnar la vida pública y privada? Para responder a estas cuestiones es necesario una investigación más a fondo.

Fuente de la imagen: https://errepublikaplaza.wordpress.com/2014/03/05/el-casino-republicano-de-bilbao/
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Reflexiones desde la soledad de un archivo (I): ¿Por qué te hiciste republicano?

En la tesis que escribí sobre el republicanismo en Gipuzkoa, realicé un estudio prosopográfico de los republicanos que configuraron el ideario político antes de la Segunda República española. Para completar el análisis prosopográfico que me propuse, tuve que construir más de 100 biografías de republicanos locales. Mientras rellenaba aquellas fichas biográficas, no pude quitarme de la cabeza estas dos preguntas: 1. ¿Puedo garantizar que éste fue republicano?, y 2., ¿Cuáles fueron las razones por las que uno de mis republicanos, se hizo republicano?

Me hubiera gustado entrevistarme con todos ellos para hacerles estas preguntas (¡y otras muchas!), pero como fue imposible, he tenido que sacar mis propias conclusiones. Respecto a la primera pregunta, me aseguré al 100% de que todos los biografiados fueran republicanos (porque tenía sus declaraciones, porque formaban parte de algún partido republicano o porque habían sido representantes republicanos en las instituciones).

Respecto a la segunda pregunta, la única respuesta que tengo por ahora es que a veces es imposible saberlo con total certeza y que, en la mayoría de las ocasiones, hay millones de razones que explican el porqué de su elección política.

En una de aquellas tardes de archivo, y gracias Memorias de un bilbaino Oruetaa la máquina de microfilms Canon MP90 de 1991, encontré el párrafo que completa esta reflexión. El párrafo es parte de las memorias de un liberal monárquico llamado José de Orueta (Memorias de un bilbaino, 1870 a 1900, publicado en 1929).

Orueta fue adversario político de los republicanos vascos. En mi opinión, sería difícil entender el desarrollo del liberalismo en el País Vasco sin sus memorias, de la misma manera que es imposible conocer a mis republicanos sin conocer a los monárquicos como Orueta. Esto sucede porque como afirma el propio Orueta, a veces, la línea que divide a unos y otros era tan “fina” como un cuenco de arroz con leche:

El primero que yo tengo [recuerdo], de cosas por mí vistas en mi niñez, fue la entrada de Amadeo por mar, en una fragata (“Numancia” o “Victoria”), desembarcando en Las Arenas y siguiendo en landó a Bilbao (…). De las fiestas que siguieron no conservo recuerdos, pero sí de la comida que, al aire libre y en el campo de Volantín, se dio a las tropas al advenimiento de la República poco tiempo después; conservo la visión de las largas mesas con manteles blancos, debajo de la frondosa arboleda que entonces formaba aquel hermoso paseo.

Por cierto, que, de aquella fiesta, guardo otro recuerdo preciso, que fue el de unas enormes y numerosas fuentes de arroz con leche que, para servir a los soldados, se veían alineadas y preparadas sobre unas tablas, que me explicaron, al verlas, diciéndome eran un obsequio que la República hacia a sus soldados. En mi condición de chico goloso, me quedó por mucho tiempo la visión de la República como la de una señora espléndida y generosa, cuando tales y tan inmensas delicias repartía. Y en poco estuvo que, por ello, no siguiera siendo republicano por toda mi vida”.

Unai Belaustegi

Un acuerdo de abajo a arriba: El Pacto Federal de Eibar

En estos tiempos de tensión entre Catalunya y España merece la pena echar la vista atrás para revisar las propuestas que en el pasado se formularon sobre la organización territorial del Estado español. Uno de los políticos que, desde las filas del republicanismo histórico, elaboraron una idea más acabada de una España en la que se compatibilizasen las características propias de cada territorio con la existencia de un poder central fue Francisco Pi y Margall (Barcelona, 1824 – Madrid, 1901).
En tal recordatorio nuestro compañero Jon Penche publica en el Diario Deia hoy, 4 de Noviembre de 2017, un artículo sobre como el federalismo pactista de Francisco Pi i Margall tuvo su reflejo en los pactos federales firmados en 1869.

Acceso al artículo: http://m.deia.com/2017/11/04/sociedad/historias-de-los-vascos/un-acuerdo-de-abajo-a-arriba-el-pacto-federal-de-eibar

PactofederalEibar

Prospecto del Pacto Federal de Eibar, rubricado el 23 de junio de 1869 por 28 representantes de comités republicanos de los cuatro territorios vascos. (euskomedia.org)

Más información: https://ehu.academia.edu/JonPencheGonzalez y https://errepublikaplaza.wordpress.com/author/penche77/