Ramón Elices: aproximación a un militar y publicista republicano

Hace unos años, buceando en un libro sobre la historia local de un pueblo lindero al de mi padre, el autor (un sacerdote que se dedicó en su vejez a la catalogación y transcripción de los documentos del archivo municipal) recordaba una máxima con la que cualquier historiador se sentirá plenamente identificado. Parafraseándole, venía a decir algo así como: “en la Historia, como en la pesca, para uno que sale, se escapan ochenta”. Se congratulaba del hallazgo de un expediente judicial, riquísimo en detalles y anécdotas, en el que se reflejaba el “divertido testimonio” (según el transcriptor) de una esposa casada con un marido adúltero, y la venganza que esta urdió contra el cónyuge infiel.

Sirva esta introducción para expresar una de estas cosas que, por el azar intrínseco a la labor investigadora, sacuden y animan el trabajo en los archivos y las bibliotecas. Interesado en el estudio de las culturas y tradiciones de pensamiento político, y su permeabilidad en el Ejército, apareció por sorpresa la figura de Ramón Elices Montes. Nacido en Baza en 1844 (dentro, por tanto, de la llamada “generación de la revolución”), este granadino no desarrolló únicamente la carrera militar, sino que se dedicó (en ocasiones, simultáneamente) a la literatura, la dramaturgia, el periodismo y, en sus últimos años, a la representación comercial y financiera de entidades hispanoamericanas en la España peninsular. Su prolífica producción en fuente impresa ha permitido una sugerencia de biobibliografía centrada en lo que F. Dosse, entre otros, denominó como “biografía intelectual”.

Dicha propuesta de reconstrucción biográfica, cuya publicación se encuentra pendiente, permitirá representar a un complejo soldado e intelectual que, por medio de la puesta en diálogo de su expediente militar, sus causas judiciales, su amplia producción de temática histórico-política (primándose su devenir ideológico) y los contextos en los que se desarrolló personal y profesionalmente, pretende ofrecer la imagen más completa posible. A nadie dejan indiferente sus zigzagueos ideológicos: su primera adscripción a la monarquía parlamentaria resultante de la Constitución de 1869, el viraje hacia la república federal, la vuelta al régimen de monarquía limitada, para retomar su filiación al federalismo pimargalliano y acabando en su última etapa mostrando sus simpatías hacia los gobiernos liberales de la Restauración.

Todo ello trufado de experiencias tales como un primer destino militar cubano (1870-1873), su participación en la III Guerra Carlista (1874-1876), sucesivos apresamientos y presidios (1877-1879), el secuestro y condena de su obra política (1878-1879), y su marcha hacia el exilio voluntario a destinos europeos e hispanoamericanos (1879-1887) marcaron indudablemente la maduración de sus postulados ideológicos e intelectuales. Unos postulados que, puede considerarse, orbitaron alrededor de varios ejes: su percepción del plano corporativo del Ejército, su persistente adecuación política (aunque siempre de tendencia progresista), y su interpretación individual de los códigos de honor, del americanismo, y del exilio.

JAIME TRIBALDOS MILLA

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