Nuevo libro sobre el republicanismo histórico

PortadaRepublicanismoEl Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) acaba de publicar un libro titulado Estudios sobre el republicanismo histórico en España. Luchas políticas, constitucionalismo y alcance sociocultural. Se trata de una monografía colectiva que reúne trabajos de varios profesores de la Universidad de Oviedo, la Universidad de Cantabria, la Universidad de León y la Universidad de Burgos, a saber:  Ignacio Fernández Sarasola, Francisco Carantoña Álvarez, Víctor Rodríguez Infiesta, Manuel Suárez Cortina, Jorge Uría González, Joaquín Varela Suanzes-Carpegna y Sergio Sánchez Collantes, que ha dirigido la obra. Los textos son fruto de un ciclo de conferencias que se organizó en el propio RIDEA hace tres años. Abajo reproducimos el índice de contenidos de esta nueva publicación, que vuelve a colocar el republicanismo en la actualidad historiográfica. Bonne lecture!

Prólogo, por Sergio Sánchez Collantes

Capítulo 1. La Constitución de Cádiz: entre historicismo y revolución, por Ignacio Fernández Sarasola (Universidad de Oviedo)

Capítulo 2. La izquierda liberal en el reinado de Fernando VII, por Francisco Carantoña Álvarez (Universidad de León)

Capítulo 3. Origen y difusión del republicanismo en provincias: una mirada sociocultural a la Asturias del ochocientos, por Sergio Sánchez Collantes (Universidad de Burgos)

Capítulo 4. La prensa diaria republicana tras el nacimiento de El Noroeste, por Víctor Rodríguez Infiesta (Universidad de Oviedo)

Capítulo 5. Melquíades Álvarez, el reformismo y la cultura institucionista, por Manuel Suárez Cortina (Universidad de Cantabria)

Capítulo 6. El Grupo de Oviedo: democracia, reforma social y proyección pública, por Jorge Uría González (Universidad de Oviedo)

Capítulo 7. La cuestión territorial en las dos repúblicas españolas, por Joaquín Varela Suanzes-Carpegna (Universidad de Oviedo)

 

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Reflexiones desde la soledad de un archivo (I): ¿Por qué te hiciste republicano?

En la tesis que escribí sobre el republicanismo en Gipuzkoa, realicé un estudio prosopográfico de los republicanos que configuraron el ideario político antes de la Segunda República española. Para completar el análisis prosopográfico que me propuse, tuve que construir más de 100 biografías de republicanos locales. Mientras rellenaba aquellas fichas biográficas, no pude quitarme de la cabeza estas dos preguntas: 1. ¿Puedo garantizar que éste fue republicano?, y 2., ¿Cuáles fueron las razones por las que uno de mis republicanos, se hizo republicano?

Me hubiera gustado entrevistarme con todos ellos para hacerles estas preguntas (¡y otras muchas!), pero como fue imposible, he tenido que sacar mis propias conclusiones. Respecto a la primera pregunta, me aseguré al 100% de que todos los biografiados fueran republicanos (porque tenía sus declaraciones, porque formaban parte de algún partido republicano o porque habían sido representantes republicanos en las instituciones).

Respecto a la segunda pregunta, la única respuesta que tengo por ahora es que a veces es imposible saberlo con total certeza y que, en la mayoría de las ocasiones, hay millones de razones que explican el porqué de su elección política.

En una de aquellas tardes de archivo, y gracias Memorias de un bilbaino Oruetaa la máquina de microfilms Canon MP90 de 1991, encontré el párrafo que completa esta reflexión. El párrafo es parte de las memorias de un liberal monárquico llamado José de Orueta (Memorias de un bilbaino, 1870 a 1900, publicado en 1929).

Orueta fue adversario político de los republicanos vascos. En mi opinión, sería difícil entender el desarrollo del liberalismo en el País Vasco sin sus memorias, de la misma manera que es imposible conocer a mis republicanos sin conocer a los monárquicos como Orueta. Esto sucede porque como afirma el propio Orueta, a veces, la línea que divide a unos y otros era tan “fina” como un cuenco de arroz con leche:

El primero que yo tengo [recuerdo], de cosas por mí vistas en mi niñez, fue la entrada de Amadeo por mar, en una fragata (“Numancia” o “Victoria”), desembarcando en Las Arenas y siguiendo en landó a Bilbao (…). De las fiestas que siguieron no conservo recuerdos, pero sí de la comida que, al aire libre y en el campo de Volantín, se dio a las tropas al advenimiento de la República poco tiempo después; conservo la visión de las largas mesas con manteles blancos, debajo de la frondosa arboleda que entonces formaba aquel hermoso paseo.

Por cierto, que, de aquella fiesta, guardo otro recuerdo preciso, que fue el de unas enormes y numerosas fuentes de arroz con leche que, para servir a los soldados, se veían alineadas y preparadas sobre unas tablas, que me explicaron, al verlas, diciéndome eran un obsequio que la República hacia a sus soldados. En mi condición de chico goloso, me quedó por mucho tiempo la visión de la República como la de una señora espléndida y generosa, cuando tales y tan inmensas delicias repartía. Y en poco estuvo que, por ello, no siguiera siendo republicano por toda mi vida”.

Unai Belaustegi

Un líder republicano de cerca (II): medicina, exilio y diplomacia

La investigación biográfica suele causar distorsiones en la perspectiva del biógrafo. Una de ellas, quizá la más habitual, es la sensación de materialidad, de vida, que provoca la acumulación de fuentes documentales sobre el biografiado. Sin duda, la recuperación del rastro de un personaje facilita la reconstrucción de su trayectoria vital y puede aportar claves para la interpretación histórica. Pero acumular datos en una secuencia cronológica, evidentemente, no conlleva sin más una aproximación más completa a un relato que, sobre todo, debe priorizar la explicación sobre la erudición. Esa misma distorsión, sin embargo, es a la vez uno de los atractivos del relato biográfico y, también, un importante incentivo para la labor del historiador: la ilusión que genera devolver la vida a un personaje que, en el caso de Ruiz Zorrilla, desapareció hace más de un siglo, es un engaño que estimula la investigación.

Un engaño a medias o una verdad mediada: el líder republicano que late en los apuntes de Ramón Betances refleja la percepción del autor, sus expectativas y, también, la imagen que el propio Ruiz Zorrilla se esforzó en ofrecer ante él. Una imagen que responde a intereses concretos, como puede comprobarse entre las líneas del texto que reproduce esta nueva entrada. Se trata del segundo de los encuentros recogidos por el doctor puertorriqueño. El reconocimiento médico, de nuevo, se desliza hacia la charla política. Ruiz Zorrilla se siente optimista. Presume de relaciones entre los periodistas y políticos más destacados de la Tercera República francesa. Expone algunos proyectos en los que invierte el tiempo y opina sobre la actualidad política de España. Entre el médico y el paciente, parece, han existido previamente contactos, planes y compromisos. La cuestión colonial de Cuba vincula los intereses de ambos que, aunque dispares, tienen un adversario común en la Restauración.

Ramón Emeterio Betances

Ramón Emeterio Betances

Ruiz Zorrilla aprovecha cualquier ocasión para extender sus contactos entre la colonia de emigrados europeos y americanos. En él, muchos de ellos encuentran un canal hacia los periódicos republicanos franceses. Buscan ampliar las redes de apoyo, cada uno para su causa. Y esas causas pueden encontrarse en el camino. El de Ruiz Zorrilla consiste en derribar la monarquía de los Borbones para reimplantar la república. Desde febrero de 1875, cuando Cánovas decretó su expulsión de España, se esforzó en ganar la opinión pública internacional y granjearse el apoyo de los políticos oportunistas y radicales que, tres años más tarde, conseguirían tomar las riendas las Estado francés. Actuaba, en consecuencia, como un diplomático, como el máximo representante de la alternativa republicana española en el exilio:

“Vuelvo a ver al señor Zorrilla. Está muy contento. Va muy bien. Convencido de que toda su enfermedad son malas digestiones, «como las tienen todos los que trabajan en sus despachos», me dijo. Habla otra vez de la necesidad de ponerse bueno. Me cuenta que en La France el marqués de Molins [el embajador de España en París] ha detenido los artículos sobre Cuba por influencia de un señor Savary (?), amigo de Girardin y su socio en negocios. El partido liberal español, añade, se ha perdido por la desunión y el egoísmo. No ha sabido hacer lo que han hecho los conservadores.

Actualmente Zorrilla se ocupa de dos cosas: Primera, de establecer la unión entre Francia y España, y aprovecha la suscripción y las fiestas en favor de los inundados para hacer notar la diferencia entre Francia y Austria, país que, a pesar del matrimonio, nada ha hecho. Segunda, de establecer la unión entre España y América, para tener preparado el terreno cuando llegue él al poder.

Sobre Cuba: como revolucionario está satisfecho de la ley de la abolición, que mantiene la injusticia disminuyéndola, y acabará de hacer caer al actual gobierno. Como patriota está avergonzado de tal ley.

Le he hecho notar que la ley abole el látigo, pero establece la pena de muerte (consejos de guerra).

Me dice que ha escrito artículos sobre Cuba en el Voltaire, periódico de Gambetta, «periódico progresista, dice él, que es el complemento del periódico de guante blanco (sic), La Republique Française», y en el Telegraphe, periódico de Wahington.

Si vuelve al Poder se apresurará a enviar a Cuba hombres conocidos, [Rafael María de] Labra, [Gabriel] Rodríguez, con plenos poderes para hacer lo que quieran allá. Eso será, cree él, el sólo medio, si alguno hay, de conservar la colonia”.

El matrimonio, naturalmente, era el de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo. Tuvo lugar en noviembre de 1879, justo cuando, finalizada la guerra colonial en Cuba, se presentó a las Cortes el proyecto de abolición de la esclavitud que se publicó un año más tarde. Ruiz Zorrilla, como presidente del gobierno en los últimos coletazos de la monarquía de Amadeo de Saboya, había sido uno de los máximos impulsores del abolicionismo. Su caída, y la del propio monarca italiano, tuvieron mucho que ver con esos proyectos que poco tenían que ver con la Ley que impulsaron los políticos de la Restauración. En esta, la servidumbre se sustituía por un patronato de ocho años con el que, simplemente, se prorrogaban los intereses y prerrogativas de los negreros de una manera apenas disimulada. Era, en el fondo, un traspié desde el punto de vista de las presiones internacionales sobre España que a Ruiz Zorrilla, como abolicionista y “revolucionario”, no dejaba darle argumentos diplomáticos de peso.

EDUARDO HIGUERAS CASTAÑEDA

Un acuerdo de abajo a arriba: El Pacto Federal de Eibar

En estos tiempos de tensión entre Catalunya y España merece la pena echar la vista atrás para revisar las propuestas que en el pasado se formularon sobre la organización territorial del Estado español. Uno de los políticos que, desde las filas del republicanismo histórico, elaboraron una idea más acabada de una España en la que se compatibilizasen las características propias de cada territorio con la existencia de un poder central fue Francisco Pi y Margall (Barcelona, 1824 – Madrid, 1901).
En tal recordatorio nuestro compañero Jon Penche publica en el Diario Deia hoy, 4 de Noviembre de 2017, un artículo sobre como el federalismo pactista de Francisco Pi i Margall tuvo su reflejo en los pactos federales firmados en 1869.

Acceso al artículo: http://m.deia.com/2017/11/04/sociedad/historias-de-los-vascos/un-acuerdo-de-abajo-a-arriba-el-pacto-federal-de-eibar

PactofederalEibar

Prospecto del Pacto Federal de Eibar, rubricado el 23 de junio de 1869 por 28 representantes de comités republicanos de los cuatro territorios vascos. (euskomedia.org)

Más información: https://ehu.academia.edu/JonPencheGonzalez y https://errepublikaplaza.wordpress.com/author/penche77/